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El principal mal de aquí y ahora
Aprovechando el tiempo libre de estos días he hecho algo que venía deseando: he vuelto a ver "La lista de Schindler", y he visto por primera vez "Persépolis". Os recomiendo ambas películas, pertenecen a ese tipo de cine que te ayuda a algo más que a pasar un rato: te hace pensar.
Y quizá por eso, por lo que ocurrió el día 29 de septiembre (convocatoria de huelga general) y porque hace tiempo que lo vengo "cociendo", me he decidido a dejar aquí una frase: el principal mal de aquí y ahora es que no se valora lo que se tiene. Se puede decir de otras muchas formas: no defendemos lo conquistado por otras generaciones, nos cargamos las instituciones como si fueran papeleras, y las papeleras como si no fueran de nadie. No respetamos el conocimiento que atesoran las personas mayores, ni a las propias personas. Y nos sentimos poseedores de toda la verdad, siendo lo único que cuenta el yo, lo que nos afecta y cómo yo quiero que me afecte. Todos los demás están ahí para servirnos. A ellos no les afecta nada, ni siquiera nuestras acciones. Lo peor es que esto no lo piensan sólo personas individuales esporádicas, pertenecientes a distintas clases sociales, con estudios y sin ellos, con mayor sensibilidad artística y sin ella… lo piensan y actúan así hasta las instituciones. ¡Alucinante pero cierto!
En próximos artículos iré haciendo hincapié en este mensaje, demostrándolo con ejemplos del día a día. Hoy sólo lo enfatizaré haciendo unas cuantas preguntas: ¿quién y cómo se conquistaron los derechos sociales de los que disponemos nosotros? ¿Qué llevó a países “normalizados” socialmente a ser regímenes absolutistas donde se violaban todos los derechos, donde la vida de una persona no valía nada? ¿Qué extraña confluencia de causas provoca que la humanidad deambule en precario por la selva más salvaje?
Esta es una de las pocas cosas que tengo claras en esta vida: no se valora lo que se tiene y se deja perder por acciones que lo dilapidan y omisiones que las consienten.
¿Utopías?
¿Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT)?
Recuerdo que de pequeño leí en uno de esos “libros de lectura” que solían acompañar al de “lengua” una fábula que relataba lo siguiente: en una cuadra vivían, entre otros, dos magníficos caballos. Uno de ellos era negro, de pelo corto y brillante, ojos profundos, delgada constitución y fuerte musculatura, cola y crines recortadas. El otro era blanco, de pelo largo y sedoso, ojos radiantes como el sol y fuerza inmensurable en cada uno de sus músculos. Por más que su dueño se esmeraba en cuidarlos a los dos por igual siempre estaban peleándose entre ellos. Uno sentía celos del otro en su único afán de ser el mejor caballo de la cuadra. Un largo trecho de su vida lo dedicaron a ese menester de intentar vencer al competidor para ser el primero. Esto fue así hasta que un día en el que se hallaban solos, inmersos en una de sus continuas batallas, observaron como un león aparecía por la puerta del establo. Verlo y detener su pelea fue una misma cosa. Comenzaron a temblar. Cada uno de ellos, sin atreverse a mirar al otro para que no descubriera el pavor que se había adueñado de su rostro, se preguntaba: ¿cómo va a morir el mejor caballo de la cuadra a uñas de un león? ¿estaré soñando? No, no estaban soñando, el león se aproximaba a ambos, los tenía arrinconados y sus rugidos casi servían como primeros zarpazos. Estuvieron a punto de morir por el orgullo, por mantenerse cada uno en su postura enfrentada, sin ni tan siquiera mirarse para establecer una estrategia común. Finalmente, cuando el león lanzó un doble zarpazo, la zarpa izquierda alcanzó ligeramente al caballo negro, lo suficiente para hacer brotar su sangre, la zarpa derecha al blanco, que también sangró. Ambos fueron conscientes de que o se unían contra ese enemigo común o no saldrían vivos de allí. Así, sin pensárselo dos veces, ambos arremetieron a coces contra el león, sin parar hasta que este sintió tal resquebrajamiento de los huesos de su cuerpo que decidió marcharse. Desde aquel día ambos caballos fueron los mejores amigos del lugar.
La moraleja estaba clara: un objetivo común de suma importancia ayuda a superar las miles de nimias guerras que nos separan.
Parece ser que esa moraleja la aprendieron rápido los chicos que iban para directivos de las grandes multinacionales, bancos, y demás manejadores del capital. Al unísono se dedicaron a la deslocalización (ese fenómeno que consiste en producir donde menos derechos sociales se les exige respetar y vender donde más nivel de renta hay disponible), a situar los capitales en aquellos paraísos fiscales donde más rentan (por acción: intereses elevados, o por omisión: evasión de impuestos)… el objetivo está claro: aumentar los beneficios, o lo que en mi tierra suelen llamar “llevárselo calentito”.
Sin embargo, aquellos que no fuimos tan listos (ya sabemos que en estos tiempos es más listo aquel que más dinero gana, incluso sin importar cómo) y que acabamos siendo mano de obra, proletariado, o clases medias espoliadas, olvidamos pronto la moraleja. No sabemos si nuestro objetivo es dejarnos la piel por la empresa que nos emplea para hacerle aumentar las ganancias, consiguiendo así asegurar nuestro sueldo y hacer frente a nuestras esclavizantes deudas, eso sí, hasta los 48 años en el que nos planten un ERE y nos larguen con una mano delante y otra detrás. No sabemos si nuestro objetivo es ser más nosotros mismos y menos los demás, creyéndonos que porque hoy le toca al otro jamás nos tocará a nosotros, o al menos, como no nos ha tocado a nosotros no chillemos y sigamos para adelante. Para nosotros parece ser que no existe ningún objetivo común: jamás he visto más pasividad y más renuncia a conquistas sociales que las que voy observando, con creces, cada año que cumplo.
Algunas concreciones de todo esto se pueden leer en los artículos de prensa que adjunto a este (al final): las 35 “mayores” empresas Españolas tuvieron beneficios en la época de vacas gordas (último ciclo económico expansivo que ha durado aproximadamente desde el 2003 hasta septiembre de 2007) que superaban a los del año anterior, es decir, que crecían, en torno al 30% (¿qué salario o conjunto de beneficios particulares: salario+seguro médico+vacaciones+etc., ha crecido de forma parecida o ni tan siquiera la quinta parte de esto? Además, en este año donde el ritmo de destrucción de empleo ha superado todas las previsiones (En noviembre el paro crece un 42,7% interanual: 900.000 parados más, hasta rozar los 3 millones), las empresas del IBEX 35 publicaron beneficios en el tercer trimestre que superaban los del año anterior en un 8,97% (¡OJO!, sí, esto significa que siguen aumentando los beneficios del año anterior, ni siquiera se resienten y ganan lo mismo, hecho que implicaría mantener la plantilla: mismos beneficios / misma capacidad de trabajo, y por tanto, tampoco están ganando menos: donde éticamente creo que no estaría justificado disminuir excesivamente la plantilla).
Pero claro, qué nos importa todo esto al grupo formado por el 80% de la población que no es tan lista como el 20% que se lo sigue llevando a manos llenas. Seguimos observando pasivamente la situación, sin exigir nada a nuestros representantes que continúan permitiendo/aprobando EREs y medidas de apoyo a los que más tienen: la banca siempre gana (frase que uno escuchaba en el Monopoly y no acababa de entender). Y extendiendo la jornada laboral hasta un máximo de 65 horas, eso sí, siempre que sea acordada de forma voluntaria entre el trabajador y el empresario. Voluntariedad que indudablemente ha plasmado ahí alguien que ha trabajado muchos años en la empresa privada. ¡Lo que hay que oír!
¿Cuánto más vamos a permanecer desunidos y pasivos? ¿Dónde están los sindicatos que enarbolaban la bandera de la solidaridad? ¿Dónde la internacionalización del movimiento obrero y la extensión de los derechos humanos? ¿Alguien se apunta? ¿La Izquierda? ¿Los progresistas?
P.D.: léase el título de este artículo como un guiño a este otro (http://es.wikipedia.org/wiki/Primera_Internacional) de la wikipedia, no por estar de acuerdo con todos los planteamientos que allí se hicieron sino por considerar necesaria la internacionalización de las conquistas sociales y los derechos humanos, para lo que es inevitable la unión entre las clases medias y trabajadoras.
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¿Por qué este blog?
He decidido crear este blog para recoger en él aquel contenido socioeconómico que no debería sernos indiferente. En él habrá muchas más preguntas que respuestas, e intentaré profundizar un poco más en los hechos dejando de lado esa visión estereotipada del mundo que se han empeñado en contarnos todos: desde los telediarios de la primera hasta el periódico de mayor tirada nacional.
¿Quién no se ha preguntado al terminar de ver una noticia trascendental, por ejemplo: los miles de refugiados del conflicto del Congo que viven día tras día sufriendo hambruna y demás calamidades, cómo se ha dado lugar a ello, quién combate, quién apoya a cada una de las facciones, qué se está haciendo a nivel internacional para evitarlo, por qué no se moviliza casi nadie por eso, etc.? Pienso que la televisión, con su inmenso poder de comunicación, está siendo desperdiciada. Y lo peor es que este mal se está extendiendo a la prensa, la radio, etc., si bien es verdad que en estos últimos aún podemos encontrar pequeños oasis donde los temas se desarrollan un poco más. Y por supuesto, por ahora podemos seguir contando con algunos programas como: En portada, Informe Semanal, y poco más, que se salvan de la quema.
¿Y por qué este nombre: 80|20? Porque desde que descubrí el principio de Pareto he visto como es aplicable a infinidad de ámbitos. Este principio se describe así (copiado y pegado del comienzo del artículo correspondiente de wikipedia): "Pareto observó que la gente en su sociedad se dividía naturalmente entre los «pocos de mucho» y los «muchos de poco», y se dividían así en dos grupos de proporciones 80:20 tales que el grupo minoritario, formado por un 20% de población, ostentaba el 80% de algo y el grupo mayoritario, formado por un 80% de población, el 20% de algo. Estas cifras son meramente descriptivas. No son exactas y pueden variar. Su aplicación reside en la descripción de un fenómeno y como tal es aproximada y ligeramente adaptable a cada caso particular.
El principio de Pareto se ha aplicado con éxito a los ámbitos de la política y la Economía. Se describió cómo una población de aproximadamente el 20% ostentaba el 80% del poder político y la abundancia económica, mientras que el otro 80% de población, lo que Pareto denominó «las masas», se repartía el 20% restante de la riqueza y tenía poca influencia política. Así sucede aproximadamente en el reparto de los bienes naturales y la riqueza mundial".
Este principio puede aplicarse con éxito a muchos ámbitos de nuestra vida, por ejemplo, en un curso de "gestión del tiempo" al que asistí hace aproximadamente un año, descubrí que para conseguir el 80% de los objetivos bastaba con dedicarse al 20% de las tareas que uno tiene pendientes. Dicho de otro modo, un buen gestor es aquel que intenta descubrir qué tareas tiene que completar para conseguir el 80% de sus objetivos, normalmente ese grupo de tareas estará formado por el 20% del total que uno tiene sobre la mesa. Es a estas tareas a las que uno ha de intentar dedicar el máximo de tiempo para hacerlas bien, para lograrlas. Asimismo, hay que fijar un límite de tiempo a consumir en tareas tediosas que no aportan prácticamente resultados. Conclusión: dedicar aproximadamente un 80% del tiempo a completar el 20% de las tareas (las verdaderamente importantes), y no más de un 20% al resto. Hay que vigilar bien esta frontera porque lo que suele ocurrir es lo contrario. Conocer esto no quiere decir que automáticamente se consiga, pero como tantas otras cosas en la vida, si lo intentas te aproximarás al éxito. Otro ejemplo práctico es la "reclamación de deudas": normalmente el 20% de los clientes atesoran el 80% de la deuda, obviamente esto marca una línea de actuación, ¿verdad?
Como veis se adapta mucho a lo que quiero transmitir en este blog: ¿por qué el 80% de los medios de comunicación sólo hablan del 20% de la noticia? ¿por qué el 80% de la política cotidiana vocifera sólo el 20% de los temas importantes? ¿dónde podemos encontrar al 20% de personal cualificado que ensanche nuestro conocimiento de los hechos hasta ese 80% deseado?
En fin, espero aprender mucho de vosotros, que con vuestros comentarios iluminéis ese 80% de zona oscura de cada uno de los temas que me gustaría conocer.
Y que mi artículos os ayuden a ensanchar vuestra visión.
Lo dicho: espero.
Comentarios
Un 0'00000000001% es todo un logro (Esther CM 02/12/2008 - 20:36)
El artículo me inspira varios pensamientos, que aunque inconexos, quisiera dejar en tu rincón.
Uno de los temas planteados es ‘por qué no se moviliza casi nadie por eso'; qué empezaría antes, el desánimo de la sociedad a estar informados y a partir de ahí la facilidad de los informadores (ya sean telediarios, periódicos, comentaristas…) para tenernos contentos con una pasada rápida por las noticias sin entrar en profundidad porque en el fondo nos importa poco lo que nos cuenten; o será que hace tiempo que venimos escuchando tanta información rápida y superficial que hemos perdido el interés y no conseguimos sentirnos involucrados en ninguna causa. ¿Realmente es la televisión lo que nos tiene adormecidos, o es la anestesia que produce el bienestar en el que nos encontramos? Cuándo, quién y por qué los realities y programas basura pasaron a televisarse en hora punta y los reportajes, tertulias, películas, etc. se emiten a horas imposibles para aquellos a los que el despertador arranca de la cama a las 7 de la mañana.
Por su parte, la teoría 80/20 de Pareto, que tanto engloba en su sencillez, puede que venga a representar un yin-yang desequilibrado de la filosofía oriental. Puedo decir que tengo poco porque me comparo con los que tienen mucho, tengo poder porque lo ejerzo sobre los que no lo tienen, soy feliz porque experimento sentimientos positivos de los que carecen los infelices. Existen esas palabras porque existen sus opuestas.
Constituiría un acto de auténtica solidaridad que el 20% afortunado cediera su 60% de posesión sobrante al 80% desafortunado. Porque la injusticia es tan evidente que no es creíble que no hagamos nada porque no nos damos cuenta. Entiendo que la lucha que propones en tu blog, consiste en ir igualando esos porcentajes. Y aplaudo que te embarques en esta utópica tarea, porque cada gesto, por insignificante que parezca, va restando al menos 0'00000000001% al 80% desafortunado de la balanza, y esto, comparado con lo que aportamos algunos es todo un logro.
TQT