A estas alturas se encuentra algo obsoleto el discurso que justifica el protagonismo de la I+D+i como causa impulsora de cambios sociales y económicos. Ya no necesita que nadie la defienda ni la alabe, pues su propia presencia es distintivo de modernidad, dinamismo y progreso.
Pecará de I+D+iotez aquel partido político que no se precie de ondear estas capicúas iniciales en sus discursos electorales. A modo ilustrativo pongo el ejemplo del “recién estrenado” Gobierno Autonómico andaluz, que ha apostado entre sus iniciativas más fuertes por la creación de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, Consejería Estrella de esta legislatura (por favor, abstenerse de hacer chistes galácticos sobre estrellas supernovas).